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Reseña sobre la COP30 en Brasil: una cumbre atravesada por la geopolítica de la mutipolaridad competitiva.

  • CAGG
  • 2 dic
  • 7 Min. de lectura

Gonzalo Diéguez, Director Ejecutivo. Center for Advocacy and Global Growth (CAGG)


Ha finalizado una nueva cumbre de la ONU sobre el clima,  en un contexto geopolítico en el que varias potencias como EE. UU., China, la UE, India, Rusia entre otros actores regionales con interdependencias económicas complejas compiten por el liderazgo político, tecnológico y económico. 

Con esta multipolaridad fragmentada como telón de fondo,  la agenda de la última cumbre climática arroja como saldo un pronóstico de chubascos y nubarrones varios en el horizonte cercano. 

Un total de 194 países han sido invitados a participar en Brasil, aunque los líderes políticos más importantes han brillado por su ausencia. 

Esto explica en primer término, las expectativas más bien humildes sobre los resultados concretos de la COP 30 en torno a la implementación de los compromisos asumidos en conferencias anteriores para lograr la meta del límite de +1,5°C de calentamiento del planeta establecida en el Acuerdo de París de 2015.

La sede seleccionada por el presidente brasilero Ignacio Lula Da Silva ha sido un mensaje cargado de simbolismo político bi dimensional: la ciudad de Belém, en el corazón de la Amazonia como pulmón verde del planeta y en momento de las definiciones finales de la letra chica del acuerdo comercial Unión Europea Mercosur. 

También constituye un claro mensaje hacia el interior del sistema político brasilero, mirando de reojo el calendario electoral de la principal economía de Latinoamérica que celebrará elecciones presidenciales en octubre del año próximo. 

El regreso de organización de la cumbre a un país democrático luego de las tres ediciones anteriores - Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Azerbaiyán - dotó de mayor visibilidad a las movilizaciones masivas de numerosos activistas  de la sociedad civil, en esta ocasión lideradas por comunidades indígenas, con reclamos y  críticas explícitas al negacionismo climático y la situación de vulnerabilidad socio ambiental que afrontan las comunidades aborígenes y los pueblos originarios.





La cocina de la COP 30: brecha entre las discusiones técnicas de la zona verde y las negociaciones políticas en la zona azul


El contraste  del tono y la dinámica de las conversaciones técnicas entre la zona verde - integrada por organismos de la sociedad civil y la cooperación internacional -   y las negociaciones políticas de la zona azul - compuesta por ministros y altas autoridades políticas -  ha sido elocuente en esta COP 30. 

Para la agenda de transición energética, la bilateralidad de los poderes geoeconómicos parece encaminarse como el modus operandi predominante.

Brasil, Chile, Uruguay y Colombia - en representación de Latinoamérica -  Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania y España - por el lado de la Unión Europea -,  impulsaron durante la primera semana una declaración (official statement) de fuerte contenido político que contó también con la adhesión de la UNESCO.  

Expresaron una fuerte preocupación por el impacto deslegitimador que los mecanismos de desinformación y los ataques contra periodistas y la comunidad científica generan en la calidad e integridad de la información concerniente al cambio climático.

Sin embargo poco de esto fue recogido finalmente en la declaración oficial de la COP 30 e incluso las referencias explícitas propiciando una reducción significativa de la dependencia en el uso de combustibles fósiles fueron directamente suprimidas del texto final.   

La ausencia del gobierno federal de Estados Unidos -  el presidente Donald Trump retiró al país por primera vez en tres décadas de una conferencia sobre cambio climático y un par de meses antes, durante la 80° asamblea de la ONU, mencionó al cambio climático como una “fantochada” – sumado al soft power de los países árabes productores de petróleo,  lograron su efecto disuasorio.

Un llamativo contraste del federalismo y la política americana, también se hicieron presentes en la cumbre: un centenar de representantes de estados y gobiernos locales estadounidenses participaron de la COP30 como muestra de oposición a la postura de Trump. El gobernador de California, Gavin Newsom, uno de los principales aspirantes en la interna del partido demócrata, fue de los críticos más activos.

No obstante, al cabo de las rondas finales de negociación, la discusión por abandonar las fuentes de energía contaminantes y financiar las energías renovables con impuestos a los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) fue perdiendo terreno

Frente a los imperativos geoestratégicos como el creciente consumo de energía eléctrica que demanda la carrera por la inteligencia artificial, la diplomacia del clima luce impotente de la mano de un multilateralismo fragmentado y frágil.


El hilo conductor programático en las posiciones de la UE y España: de la cumbre UE CELAC en Colombia a la COP 30 en Brasil


Mirando la mitad del vaso lleno, la hoja de ruta programática impulsada por la UE y particularmente la de España mostraron atisbos de un hilo conductor coherente y consistente, lo que a estas alturas de la contienda entre modelos de desarrollo divergentes no parece poca cosa. 

Pese a la ola ascendente de las fuerzas políticas de orientación conservadora y populista en los órganos de gobierno de Estrasburgo y Bruselas,  la UE sigue liderando la acción en materia climática a nivel mundial. Con Estados Unidos en franco retroceso, China e India parecen eludir la posta por tomar el liderazgo de la agenda verde, subsumiendo la seguridad energética y el desarrollo de energías limpias en el altar del crecimiento económico. 

Algunos ejemplos de la dualidad China son los avances en la electrificación del transporte - dos de cada tres automóviles vendidos son eléctricos - o el incremento significativo de la nueva infraestructura solar, procesos que coexisten con la construcción record de centrales de carbón (el combustible fósil más sucio) tanto a nivel global como fronteras adentro del gigante asiático

Tan solo diez días antes de la COP 30, en la IV Cumbre de la UE CELAC celebrada en Colombia, 58 países de los dos continentes habían sentado un precedente importante para la cumbre climática llamando a fortalecer el multilateralismo, reivindicando el comercio bi regional evitando la imposición de aranceles arbitrarios y promocionando acciones contra el cambio climático, una postura crítica implícita a la política oficial de Estados Unidos. 

Con la ausencia de la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, la participaciones de Antonio Costa por el Consejo Europeo, el presidente de España, Pedro Sánchez y el presidente de Brasil Ignacio Lula Da Silva cobraron mayor protagonismo, marcando el tono de los contenidos de la cumbre bi regional, casi como una antesala de las posturas institucionales en la COP 30.

Cabe recordar que en la cumbre anterior, la COP29 de Bakú en Azerbaiyán, por primera vez los países debatieron cuánta asistencia financiera debería proporcionarse desde el mundo rico a los países más pobres, mucho de los cuales sufren con mayor intensidad las inclemencias del cambio climático.

Una de las principales apuestas de Brasil, país anfitrión de la COP30 fue impulsar la creación de un Fondo Multilateral para el resguardo y protección de los Bosques Tropicales cuyos principales aportes provendrían de los sectores corporativos y de los mercados financieros de los países más desarrollados.

En tal sentido, la UE se ha desempeñado a lo largo de la cumbre como el bloque más proactivo para conseguir este objetivo, actuando de manera mayormente coordinada y liderando junto con un grupo de países de Latinoamérica y el Caribe un núcleo total de 80 países que impulsan la agenda de transición energética. 

Dado su rol estratégico de liderazgo en la región iberoamericana y oficiando como uno de los interlocutores privilegiados del bloque UE CELAC, España se encuentra con una oportunidad histórica de mostrarse como un caso de verdadero éxito en la gestión de las energías renovables, posicionándose como un líder de la agenda de transición energética a nivel bi regional y global.

Con una Europa que aún mantiene su ambición normativa y regulatoria pero que también afronta numerosos desafíos de impotencia política y financiera, España se ubica en una posición de ventaja relativa para erigirse como el modelo a seguir para aquellas economías en desarrollo que persiguen una hoja de ruta verde e inclusiva tanto para los 33 países de Latinoamérica y el Caribe como los otros 100 que integran el sur global.

¿Podrá España aprovechar la ventana de oportunidad estratégica o la política exterior sucumbirá nuevamente al rigor de las urgencias de la coyuntura doméstica? 

El antecedente más cercano se remonta al segundo semestre del año 2023, con la presidencia pro tempore española en la UE conviviendo en forma simultánea con el adelantamiento de las elecciones generales, oportunidad dilapidada para impulsar la inclusión de la lengua española como uno más de los idiomas oficiales de la gobernanza de la cooperación europea.

El escenario de polarización creciente no permite hacerse demasiadas ilusiones… 


Lo que viene: COP 31 la influencia geopolítica del mediterráneo y el pacífico: el comando bi fronte de Turquía y Australia.


El año próximo la COP 31 presentará un formato inédito: un representante turco ocupará la presidencia formal de la COP, mientras que un delegado australiano liderará las discusiones oficiales. De esta manera, Australia encabezará el proceso técnico, mientras Turquía se encargará de recibir a delegaciones y jefes de Estado.

Más allá de esta innovación institucional en el formato organizacional, la geoeconomía manda. Por ello, luego de tensas negociaciones Turquía ejercerá la presidencia formal de la COP31, mientras que Australia obtendrá la vicepresidencia y la coordinación de todas las mesas de negociación temática.

El sentimiento predominante en la mayoría de los activistas de la sociedad civil tras esta COP 30 es que el mundo se encamina a resignarse en adoptar mecanismos de adaptación al cambio climático en lugar de propiciar activamente políticas de reversión del calentamiento global. 

De acuerdo los estudios recientes de Bloomberg (2024) y World Economic Forum (2025) el daño físico infligido por el calentamiento global repercute en un costo para la economía mundial estimado en alrededor de 1.2 billones de euros al año.

La falta de coordinación multilateral y los liderazgos regionales competitivos extienden la brecha entre la consistencia de los compromisos asumidos y las capacidades efectivas de los países para ponerlas en práctica. 

Un auténtico tormento para blindar la legitimidad política de las políticas ambientales

 
 
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